Algarve cultural

Los más de cinco siglos de influencia árabe han marcado el destino de la región, comenzando por su nombre: Al-Gharb, es decir, Occidente. Esta presencia, del siglo VIII al XIII, aún hoy se encuentra bien patente en los nombres de las poblaciones, en la agricultura, en la arquitectura de los monumentos, en las terrazas y chimeneas o en el blanco de la cal de las casas de muchas aldeas algarvienses.

A mediados del siglo XIII, las tierras del Algarve fueron las últimas de Portugal que fueron conquistadas por el dominio musulmán. Después de largos avances y retrocesos, la reconquista cristiana cuenta con la inestimable colaboración de los Caballeros de la Orden de Santiago, dirigidos por Paio Peres Correia bajo el reinado del rey Alfonso III, para poner fin a la presencia árabe en el Algarve y unir la región al reino de Portugal. Así se fundaba el Reino de Portugal y de los Algarves.

Más tarde, a principios del siglo XV, el inicio de la expansión marítima portuguesa da un nuevo vigor a las tierras y gentes algarvienses. Lagos e Sagres quedan ligadas para siempre al Infante Enrique y a los Descubrimientos. Incluso hoy en día, en Ponta de Sagres, un gigantesco dedo de roca que apunta al océano Atlántico, en una clara alusión a la valentía de los navegantes algarvienses, como Gil Eanes, que se hizo a la mar en busca de nuevos mundos que descubrir.


SILVES
Toda la zona del municipio de Silves fue habitada en el Neolítico y la Edad de los Metales, como lo confirman los numerosos hallazgos arqueológicos, y cabe destacar la abundancia de monumentos megalíticos como los menhires, en piedra arenisca roja de la región o de piedra caliza.

El río Arade ha sido, desde tiempos remotos, una ruta de penetración de los barcos de los pueblos mediterráneos, atraídos por el cobre y hierro extraídos en el oeste de la región.

Precisamente a causa de la navegabilidad del río Arade y su posición estratégica en la cima de una colina, dominando un vasto espacio, Silves debe su fundación, posiblemente durante el dominio romano. Pero es con la ocupación musulmana, que comenzó alrededor de 714-716, cuando Silves se convierte en la ciudad próspera que en el siglo XI sería la capital del Algarve y que, según algunos autores, llegó a superar a Lisboa en tamaño e importancia.

En este período, Silves es también un centro cultural donde residen poetas, historiadores y juristas. Las convulsiones religiosas y políticas que asolaron el mundo islámico en los siglos XI y XII repercutieron en Silves por los frecuentes cambios de gobierno y los asedios y luchas entre facciones rivales. Estos hechos fueron aprovechados por el rey Sancho I para, con su ejército y el apoyo de los cruzados del norte de Europa que se dirigían a Palestina, cercar la ciudad en 1189.

La lucha por Silves fue larga y cruel. El dominio portugués se mantuvo durante menos de dos años, ya que en 1191 la ciudad fue recuperada por los moros. A pesar de haber perdido gran parte de su población y riqueza, Silves fue elevada a la categoría de sede del Obispado y del gobierno militar después de la conquista final de la ciudad, dentro de la ocupación cristiana del Algarve de 1242-1249, que finalizó con el reinado de Alfonso III.

Los siglos siguientes fueron difíciles para Silves que, debido a la pérdida del comercio con el norte de África y la sedimentación gradual del río, vio cómo el lucrativo tráfico marítimo se alejaba (y con ello su influencia en la vida económica, política y militar). En paralelo, localidades como Lagos, Portimão y Faro se hacían más relevantes.

Desastres naturales como la peste, los terremotos y las fiebres, causadas por el pantano en que se había convertido el Arade, también contribuyeron a la decadencia de la ciudad. El golpe de gracia tuvo lugar en 1534, con la bula papal que permitió la transferencia de la sede del obispado a Faro. Silves nunca recuperó su esplendor pasado y, durante casi tres siglos, fue una ciudad con un número reducido de habitantes.

La fruta seca y, sobre todo, el corcho, proporcionaron, en la última mitad del siglo XIX, una nueva vida y prosperidad en la ciudad, que se convirtió en uno de los principales centros de su transformación. Hoy en día, Silves es una ciudad orgullosa de su pasado, sede de un municipio y con una economía en crecimiento.


Castillo
El Castillo de Silves es uno de los componentes de un sistema defensivo completo y sofisticado que abarcó, antaño, toda la ciudad de Silves.

A pesar de que existen indicios de que podría haber habido algún reducto defensivo de la época romana o prerromana en la actual colina en que se asienta la ciudad, lo que persiste actualmente de todo ese sistema defensivo son los vestigios de la época almohade de la ocupación islámica (siglos XII-XIII). Esta fue la época de las luchas de la Reconquista cristiana llevadas a cabo por los primeros cinco reyes de Portugal.

El sistema estaba constituido por la Alcáçova, las Murallas de la Almedina, la Coraza, las Murallas del Arrabalde de las cuales aún puede verse el Arco de la Rebola e incluso una posible y muy probable existencia de fosos y barbacanas.

Con una superficie de aproximadamente 12 100 metros cuadrados, rodeados por una muralla de forma poligonal construida en piedra arenisca de Silves (una conocida piedra arenisca roja) y los núcleos en tapia, el interior del castillo es actualmente un espacio museológico moderno utilizado esporádicamente como escenario de espectáculos. Romántico lugar de paseo, es uno de los miradores más bellos de esta antigua ciudad obrera.

Las murallas de la Alcáçova están reforzadas por once torres, dos de los cuales son albarranas, que sobresalen de la pared de la muralla a través de un pasadizo.

Las murallas de la Alcáçova poseen dos salidas: la principal da acceso a la Medina (la ciudad); mientras la secundaria, más pequeña y orientada al norte, fue conocida como la Puerta de la Traición. Solamente superado por la Fortaleza de Sagres, el Castillo de Silves es el segundo monumento más visitado del Algarve. 


Catedral
El edificio presenta una mezcla de estilos arquitectónicos, entre los cuales destaca el gótico. Se cree que su construcción se inició en el siglo XIII sobre una antigua mezquita árabe después de la reconquista de la ciudad a los moros.

El gran terremoto de 1755 destruyó varios elementos de la iglesia, lo que condujo a la introducción de nuevos cambios de estilo barroco, visibles en la parte superior de la fachada principal, en el portal sur y en la torre.

En su interior están enterrados varios obispos y familias nobles de Silves, así como la piedra sepulcral del rey Juan II de Portugal, que murió y fue enterrado aquí en 1495, para posteriormente ser trasladado al Monasterio de Batalha.


Cruz de Portugal
La Cruz de Portugal es considerada una de las piezas escultóricas más bellas del arte gótico en Portugal. La Cruz de Portugal es un crucero, declarado Monumento Nacional desde 1910, con cerca de 3 metros de altura. 

El enigmático monumento está enfrente de la ciudad de Silves y fue creado probablemente a finales del siglo XV o principios del siglo XVI. Nadie sabe a ciencia cierta los orígenes de este crucero, tallado a ambos lados en estilo gótico. 


Puente Romano
El Puente Romano se caracteriza por una mezcla de estilos arquitectónicos. Si por un lado el tablero es ojivado y de estilo medieval, también está soportado por cinco arcos redondos, cuyos pilares están protegidos por tajamares de estilo romano. Fue reconstruido en el siglo XV según un puente original de la época romana. Es uno de los vestigios que confirman la existencia de una vía romana en las inmediaciones.


Obelisco
El Obelisco que existe actualmente en Praça do Município fue reconstruido en los años noventa del siglo XX utilizando informaciones y fragmentos originales del siglo XVI. Su emplazamiento original sería la Rua do Pelourinho, en la trasera del actual edificio del Ayuntamiento. El Obelisco era una columna en la cual se juzgaba y castigaba públicamente a los criminales.


Capilla de Nuestra Señora de los Mártires
La Capilla de Nuestra Señora de los Mártires fue fundada en el siglo XII, pero no se preserva nada de la obra original. Con una fachada del siglo XVIII, en esta capilla están enterrados los cruzados que murieron durante la primera toma de la ciudad a los árabes a cargo del rey Sancho I en 1189.



LAGOS
Integrada en la prehistoria de la extremidad suroeste del Algarve, el área del municipio de Lagos está habitada desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan diversos sitios arqueológicos. El nombre original de la ciudad, Lacohriga, apunta a un origen celta, unos 2000 años a. C., y durante un largo período, el puerto fue frecuentado por fenicios, griegos y cartagineses.

Durante la dominación romana, la ciudad prosperó y creció, lo que requirió la construcción de una presa para abastecer de agua y un puente sobre el río de Bensafrim. Los árabes levantaron, en el siglo X, un cerco de murallas, que sin embargo no impidieron el dominio cristiano desde 1249.

El siglo XV fue el siglo de oro para Lagos. Durante casi cuarenta años, la ciudad, debido a su ubicación frente a África, fue puerto de salida y llegada de los barcos que año tras año, iban descubriendo la costa de dicho continente. Centro del comercio de productos exóticos, de marfil, de oro y de plata de África, Lagos es testigo de la construcción de nuevas iglesias y casas, viendo crecer el número de comerciantes y de banqueros nacionales y extranjeros.

El terremoto de 1755 y el tsunami que le siguió destruyeron gran parte de la ciudad. Solo a partir de mediados del siglo XIX, con la industria de conservas de pescado y el comercio, se inició la recuperación de su prosperidad. La localidad de Lagos es hoy una ciudad dinámica y activa, orgullosa de su pasado.

El mercado de esclavos
Lugar de las primeras ventas de esclavos traídos por las naves que volvían de África (siglo XV). Cuatro arcadas a nivel del pavimento definen un patio. En una de las paredes, las armas del Marqués de Niza (siglo XVII). En los laterales, una ventana (que en su día fue una puerta) del siglo XV.


Iglesia de San Antonio
Fue reconstruida en 1769 por iniciativa del mando del Regimiento de Infantería de Lagos (que la usó como capilla). Por esta razón, la imagen del santo patrón recibía el sueldo de capitán y, desde 1780, de teniente general.

En la fachada lateral, se erige un gran alpendre formado por un portal renacentista (siglo XVI), proveniente del antiguo Compromiso Marítimo, y da acceso al Museo Municipal.

Su principal encanto es el interior, por la riqueza y profusión de la talla dorada que cubre el altar mayor y las paredes laterales, convirtiéndola en uno de los principales ejemplos de esta forma de arte tan característica del barroco portugués.

Las caprichosas formas del barroco se unen a notas naturalistas curiosas sobre pedestales y paneles laterales de las pilastras (matanza del cerdo, escena de pesca, etc.). Bajo el coro, un panel en talla representa las Tres Virtudes (Fe, Esperanza y Caridad).

Iglesia de San Sebastián
Construida en los siglos XIV y XVI sobre la antigua ermita, sufrió daños con el terremoto de 1755. En su interior, cuenta con tres naves sobre columnas dóricas. Además, posee una sillería de azulejos de diversos patrones, donde destaca los polícromos con representación de aves cuencos de sedimentos (siglo XVIII). En el altar mayor se puede apreciar una imagen monumental proveniente de Brasil, de nuestra Señora de la Gloria (siglo XVIII), ofrenda del rey Juan V al extinto Convento de los Capuchinos, y un crucifijo (siglo XVI) que la tradición dice que fue usado en la batalla de Alcácer Quibir (1578).

Construida sobre una colina, la iglesia constituye un mirador privilegiado de Lagos y el mar.


Murallas de la ciudad
La muralla erigida ante el mar data, probablemente, de la presencia cartaginesa o romana, con reedificaciones árabes y cristianas. Dos imponentes torres albarranas defienden la entrada de la puerta de San Gonzalo. 

El resto de las murallas de la ciudad fueron construidas entre 1520 y finales del siglo XVI para proteger los nuevos barrios que emergieron rápidamente gracias al comercio internacional. Incluyen varias puertas y un conjunto de baluartes adaptados al disparo de artillería.

El conjunto de las murallas proporciona una buena panorámica sobre la ciudad, la bahía y la sierra de Monchique. La estructura de defensa de Lagos también integra varios edificios de interés histórico y arquitectónico.


San Gonzalo Un Santo hijo de pescadores
Nacido en Lagos, alrededor de 1360, de padres pescadores, Gonzalo dio desde muy temprana edad muestras de espiritualidad. Después de asistir a la Universidad de Lisboa, ingresó en la orden de San Agustín y llegó a ser prior de varios de sus conventos. Fue orador sagrado y músico. Su intervención en el milagroso rescate de pescadores ganó fama y culto, y su beatificación se materializó en el año 1778.


Fuerte de la punta de la bandera
Frente a la entrada de la barra de la ribera de Bensafrim, el Fuerte asegura la defensa del puerto viejo. Se trata de una construcción del siglo XVII, con foso, puente levadizo y una imponente puerta de armas. En su interior, alberga una pequeña capilla con azulejos del siglo XVII. Es un excelente mirador para observar la ciudad.

La otra fortificación que defendía Lagos —el Fuerte del Piñón— fue destruida por el terremoto de 1755 y parte del acantilado donde se asentaba se separó de la costa. Todavía hoy se pueden apreciar piedras de la muralla. En el lugar de la batería que la sustituyó, se construyó, recientemente, una residencia particular.


Castillo de los Gobernadores
Construcción árabe, posiblemente un antiguo alcázar, que sufrió múltiples modificaciones posteriores. Durante los siglos XVI y XVII fue la residencia de los gobernadores y capitanes generales del Algarve.

En la fachada, podemos ver una ventana manuelina (siglo XVI), en la cual, dice la tradición, el rey Sebastián asistió a la misa antes de partir hacia la fatídica batalla de Alcácer Quibir. En el jardín encontramos un panel del escultor João Cutileiro, evocador de la batalla, y una escultura alusiva al navegante Gil Eanes.



SAGRES
La historia y el mito de Sagres se confunden con el que fue, durante siglos, el punto más alejado del mundo conocido: el Cabo San Vicente. Envuelto en un aura de misterio y respeto, que el litoral, el viento y la vegetación salvaje imponen, su carga mítica es casi palpable. 

Desde el neolítico, el Cabo Son Vicente se ha utilizado como lugar de culto. En el siglo IV a. C., autores griegos relataban ceremonias religiosas en las que había libaciones y la prohibición de los seres humanos durante la noche, ya que era un lugar frecuentado por los dioses.

El nombre «Sagres» deriva del nombre sagrado dado por los romanos a este promontorio, Promontorium Sacrum, lugar donde la puesta de sol hacía hervir las aguas. Las ruinas más importantes de la región incluyen una residencia, termas y tanques de salazón de pescado en Boca do Rio, así como vestigios de una residencia y de tanques de salazón de pescado en la playa de Salema.

La playa del Martinhal contiene vestigios de un gran centro de cerámica con tres hornos usados para la producción de ánforas, y en las pequeñas islas frente al Martinhal también se encuentran ruinas de tanques de salazón de pescado.

Subir al promontorio, consultar a los dioses y cumplir las promesas era un ritual obligatorio para todos los marineros que se aventuraban mar adentro, poblado por terribles monstruos.

Fue aquí donde el Infante Enrique fundó la escuela que contribuyó al descubrimiento del mundo. Y fue también aquí donde comenzó la globalización del resto del mundo.

Fortaleza de Sagres
Declarada Monumento Nacional, la fortaleza original del Infante Enrique, datada del siglo XV, fue destruida durante las incursiones de Sir Francis Drake a la costa sur de España y Portugal durante el siglo XVI, habiendo sido reconstruida entre los siglos XVI y XVIII.


Rosa de los Vientos
Atribuido al Infante Enrique, este círculo de 43 metros de diámetro y 32 rayos hechos con piedras, fue descubierto en 1921. Se conoce como rosa de los vientos, aunque algunos eruditos creen que podría haber sido un reloj solar.


Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia
Construida sobre los cimientos de la iglesia original de Santa María, mandada construir por el Infante Enrique, esta iglesia del siglo XVI ostenta una imagen de S. Vicente traída del convento del Cabo de S. Vicente. En ella se puede apreciar la tumba de un capitán español del siglo XVI que ayudó a defender la fortaleza de los ataques de Sir Francis Drake en 1587, así como la tumba de dos comandantes de la fortaleza durante el siglo XVII.


Fortaleza del Cabo de San Vicente
El rey Juan III ordenó la construcción de esta fortaleza el siglo XVI para proteger el convento franciscano contiguo de los ataques de los piratas. La puerta principal ostenta el blasón del rey. La torre fue destruida por Sir Francis Drake y reconstruida en el siglo XVII.


Faro del Cabo de San Vicente
Originalmente construido en 1846, el faro ha sido ampliado y modernizado desde entonces. Es considerado uno de los faros más potentes de Europa y controla una de las rutas comerciales más ajetreadas del mundo.


Monumentos megalíticos
El paisaje alrededor de Sagres está plagado de vestigios del pasado prehistórico del Algarve, lo que confirma la creencia de que los promontorios de Sagres y del Cabo de S. Vicente fueron antiguos lugares de devoción. Varios menhires y crómlech datados de los siglos IV y III a. C. están esparcidos por la región, y los ejemplares más notables son los que se encuentran en Aspradantas, Milrei, Padrão y Monte dos Amantes.


Los pasadizos secretos de Sir Francis Drake
Bajo el servicio de la reina Isabel I, el pirata (más conocido como «El Draque» o «El Dragón» por los españoles) Sir Francis Drake estuvo presente y en acción en este lugar durante muchos años. Todavía hoy existen vestigios de los pasadizos secretos por donde huía con los tesoros saqueados de las muchas naves que paraban aquí.

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